Recomendación: DIABLERO


Netflix le sigue apostando al mercado latino con nuevas producciones. Si bien no es una serie que vería por iniciativa propia, por su temática, le di la oportunidad porque la plataforma me la recomendaba constantemente.

Desde su propio universo, hasta la idiosincrasia mexicana “Diablero” es a lo lejos, la mejor producción mexicana que he visto, los tonos de comedia, ficción y terror que maneja le hacen ser original en su género.

Este thriller de fantasía cuenta la historia de Ramiro Ventura un sacerdote que busca ayuda de Elvis Infante un “Diablero” (Cazador de demonios) para buscar a una niña desaparecida, en el transcurso de esta búsqueda se desatarán una serie de eventos que podría determinar el destino de la humanidad.

Con un aire azteca la producción se suma a la lista de series originales de Netflix filmada en América Latina. Si bien no he visto todas las producciones mexicanas, las que he visto, en general se encierran en cárteles de droga, o comedias que no me llaman la atención, pero Diablero es compleja, sobrenatural, con un hilo narrativo interesante, sin necesidad de apegarse a esquemas de films extranjeros.

Los personajes son acogedores y creíbles, desde Ventura (Christopher Von Uckerman) un sacerdote, hasta el versado en lo sobrenatural “Elvis” Infante (Horacio García Rojas) Si bien se asemeja a la temática de producciones como Constantine, Diablero construye una historia de identidad mexicana, sin caer en la parodia, brindando otra perspectiva de las posesiones demoníacas.

Los Clichés ni siquiera me molestan, la posición antidoctrinista, lo básico, sacerdotes malvados, la posición corrupta de la iglesia, y demás hacen parte de su universo, para el desarrollo de la historia.

Con un ritmo ágil, introductorio con sus Flashback y preciso, Diablero es entretenida, solo consta de 8 capítulos en su primera temporada, y deja pie a una segunda.

                                       

                                                                                                                                            JenHathor

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30 de julio de 2018


No es un secreto que me siento bien en la melancolía, en ocasiones  me canso de que las personas busquen la perfección, se tiene el camino tan bien trazado que molesta.

He despertado en penumbras nuevamente, el miedo me ha tocado, con muy poco tacto a mi parecer, he asumido que quiere que despierte, que me diga ¡estoy aquí! me he martirizado pensando en tantas posibilidades, descendiendo en una espiral sin fondo a la perdición,  metaforizado este sentimiento en una búsqueda de la marginalidad. Marginalidad en la que me siento a gusto, como si esta fuese parte de mi naturaleza humana. Como si estar triste fuese necesario, hasta el punto de caer en mundos corrompidos.

Despierto y pienso: Algunas veces nos pasamos los días martirizándonos por cosas que sucedieron, que no debieron pasar, o que quizás sí, y qué más da, la vida, es la vida.

 

                                                                                                                                    JenHathor

 

30 de mayo de 2018


Me levanté pensando en él, en lo primordial que se ha vuelto darle un “buenos días”,

en como al darme su mano, siento que es mi complemento, en como me hace sonreír,

Él es esa parte de mí que más admiro, su fortaleza y dedicación me impulsan a no darme por vencida,

Anoche me dijo  que era esa parte sutil y hermosa que le alegraba los días, y al igual que yo,

Él es mi silencio, mi noche, el lugar en donde encuentro paz,

También me dijo que era ese sonido armonioso de la naturaleza en todo su esplendor, no supe qué decirle, no encontré palabras que pudiesen elogiarle, solo deseé desde lo más profundo de mi alma,  ser la armonía de su mundo, su centro y equilibrio.

 

Desde Berlín, con amor, JenHathor 

Conversaciones en Berlín


– ¿Y esa sonrisa? _Me dijo con cierto tono de malicia._

– He conocido a alguien, _ le dije mirándolo a los ojos._

– Se nota.

– ¿Por la sonrisa?

– Más que eso, por los ojos.

– ¿Qué puedo decirte? Me ha enseñado a ser libre.

– Lo sé, solías cohibirte, incluso hace mucho no leía tus escritos.

– Sí, intentaba no hacerle daño.

– Ponte en primer lugar, siempre te lo he dicho.

– Lo sé… Sabes, ha dicho que tuvo que equivocarse conmigo para poder estar en el lugar que siempre anheló. Pienso que ahora ella le da lo que yo nunca pude.

– No debes reclamarte algo que ya ni al caso, háblame de el de la sonrisa.

– No hay mucho que decir, ¿te ha pasado que no logras definir lo que sientes? como si al hacerlo, no pudieras describir tal esplendor. Eso me pasa, no sé, sólo me dejo llevar.
Él es simplemente purificante, mantiene de buen humor, su energía invade mis días de la forma más bonita. No sé, ¿Porqué te cuento esto? Eres de esos que maximizan tristezas.

– Eso no quiere decir que no me alegre por ti, ¡déjate llevar!

– Tengo miedo, a fracasar, a lo que sea.

– Jen, mírate…

– Lo sé, con él soy otra persona, una más espiritual, una más hippie, más feliz. Le conozco hace mucho tiempo, pero fue ahora el momento indicado para que nos invadiéramos mutuamente.

– No hay encuentros accidentales entre almas. ¡Sé tú!

Jen Hathor

Cartas sin enviar II


¡Hola!

Este es el “hola” más doloroso que he dicho, el “hola” más cargado de sentimientos.

¿Por dónde empezar? O por dónde no hacerlo…

Quizás por decirte que he intentado enviarte estas líneas miles de veces, pero me arrepiento.

He de confesar que mi proceso alquímico va lento, aunque pienses lo contrario. Es raro empezar a verse con los ojos de otra persona.

Es difícil despertar en las madrugadas y cuestionarse tantas cosas. Lo que sucedió, lo que sucede y lo que sucederá.

Pero peor aún, lo que debió pasar.

Te he dejado varios escritos, y colecciono en un cajón, las cartas que aún no me animo a compartirte.

Jen Hathor

Cartas sin enviar…


Ya te he dicho todo lo que pienso, y lamento de corazón ser la persona que soy,
me decepciona el pensar que en todo el tiempo en que compartimos no me hayas conocido, 
soy diferente a ti, y aunque sea fuerte, me molesta la incapacidad de un cerebro a ser libre,
me decepciona que  pienses que voy a odiarte.
Ojalá encuentres lo que buscas, y el universo confabule a tu favor.

Ojalá, como decía el poeta:

“Que ames,
y que amando, también seas amado.
Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que sí es,
sepas ser sin desesperar.”

Ojalá que llegues a los momentos en que te hice feliz,
Y no me recuerdes como la que encarceló tu alma. 

 

JenHathor

Confesiones de una mente insomne


Muchas veces he omitido enviarte estas líneas, por la premura de no hacerte daño, muchas otras, veo que tú las haces sin importar qué, pero claro, no soy quién para decir esto.

Sabes…

He intentado decirte que borras de a pocos lo que viviste conmigo, y que duele saber que no valores las cosas que hicimos juntos, por mi parte solo quedan palabras de agradecimiento, porque a pesar de que intestes borrarme, eres tú quien me enseñó a iluminar la vida de los demás sin esperar nada a cambio.

Y justo es lo que me pasa cada vez que te escribo algo, me desahogo pero quedo en la incertidumbre de un enter, como si el conocimiento de mis sentimientos respecto a las cosas, a las personas, en especial hacia ti, fuesen las coordenadas para una bomba atómica, y escribo, borro, escribo, borro, porque mi pensar hacia una circunstancia como tal, es tan efímero como perdurable.